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Forme un clúster para innovar junto a otras compañías

Las empresas de un mismo sector que desarrollan proyectos conjuntos bajo el paraguas de estas organizaciones empresariales consiguen ser más competitivas en el mercado global.

La globalización ha provocado un cambio de paradigma en la relación entre muchas pymes españolas, que han pasado de la competencia a la colaboración. En lugar de rivalizar entre ellas por un mercado local de tamaño reducido, las compañías nacionales deben sumar fuerzas en proyectos conjuntos que les permitan ser competitivas en el mercado global frente a sus homólogas alemanas, francesas o estadounidenses.

Para ello, una de las herramientas más interesantes es la creación de clústers, asociaciones empresariales que proporcionan un marco para el desarrollo de iniciativas conjuntas. Estas organizaciones, especialmente frecuentes en el País Vasco, se están extendiendo progresivamente por otras regiones de la geografía española, como Cataluña o Galicia.

Sin embargo, muchas pymes todavía desconocen las posibilidades que les ofrecen estas instituciones y qué pueden hacer para sacarles el máximo partido:

  • ¿Cómo crearlo? Aunque en ocasiones surgen gracias al impulso de las instituciones públicas, "los más eficaces son aquellos que nacen como resultado de la iniciativa de las propias empresas", afirma Antonio Novo, presidente de la Federación Nacional de Agrupaciones Empresariales Innovadoras y Clusters (Fenaeic). Normalmente están formados por compañías de la misma provincia o autonomía que trabajan en un mismo sector o se dedican a actividades complementarias. Aunque estas firmas son las que deben liderar el proyecto, también pueden colaborar como socios las universidades, centros de investigación u otras asociaciones empresariales. Al constituir la asociación, hay que trazar un plan de negocio en el que se clarifique cómo va a ser su funcionamiento y cuáles son sus objetivos estratégicos. También será necesario establecer unos criterios claros para determinar qué tipo de negocios se pueden sumar a la iniciativa y bajo qué condiciones. Aunque normalmente se establecen algunos criterios técnicos -tamaño, profesionalidad y sector de actividad-, lo principal es que las compañías "estén dispuestas a ser transparentes y a colaborar en un ambiente de confianza con el resto de empresas, para beneficio de todos", destaca Eduardo Jiménez, presidente de Clúster Habic. Aunque estas instituciones pueden conseguir ayudas públicas, su financiación es fundamentalmente privada, por lo que todos los socios deben pagar una cuota mensual o anual.
  • ¿Cuál es su estructura? Los clústers suelen tener una junta directiva de pocos miembros -que son empleados de la asociación- encargados de dinamizar la colaboración entre los socios, supervisar los proyectos en marcha y organizar acciones comerciales. Sin embargo, lo más importante es que los representantes de las distintas organizaciones se reúnan con frecuencia-por ejemplo, una vez cada mes- para intercambiar ideas e impulsar nuevas iniciativas.
  • ¿Cómo se organizan los proyectos? Los planes pueden surgir por iniciativa tanto de los directivos como de las empresas. En cualquier caso, durante una primera fase hay que buscar un grupo de compañías que estén interesadas en colaborar y que cubran todas las necesidades. Además, antes de poner en marcha el proyecto, habrá que determinar claramente el rol que tendrá cada una de las empresas participantes y cómo se repartirán los resultados. Aunque en ocasiones se puede conseguir financiación pública, no conviene que la viabilidad de la iniciativa dependa de ello. Para cada proyecto se suele constituir un grupo de trabajo que se reúne cada dos o tres meses. Nuevamente, lo importante es crear un clima de confianza y saber adaptarse a las necesidades de cada socio y a las dificultades que puedan surgir por el camino. Aunque la duración de las iniciativas es variable, suelen desarrollarse a medio plazo, en uno o dos años.

Proyectos que se desarrollan

  1. Innovación tecnológica. Son fundamentalmente aquellos proyectos que están destinados a introducir mejoras en los productos, con el objetivo de que sean punteros en el mercado.
  2. Innovación no tecnológica. Está más dirigida a aquellas fases de la actividad empresarial no relacionadas directamente con la fabricación, como la gestión interna, el márketing o la comercialización.
  3. Internacionalización. Los clúster suponen también una herramienta interesante para exportar al extranjero, pues gracias a su tamaño permiten acceder a redes comerciales más amplias, abaratando los costes.

Crear dinámicas de colaboración

Prodema, una pyme de madera para construcción, participó en la génesis de Cluster Habic junto a otras firmas que se dedicaban a actividades complementarias como la fabricación de bancos, fachadas o bóvedas. El director de unidad de negocio de la compañía, Íñigo Beistegui, recuerda que en los inicios cometieron errores como "organizar visitas demasiado intensivas para arquitectos extranjeros, que iban a ocho empresas en dos días, porque todos deseaban mostrar sus productos", algo que solucionaron repartiendo las visitas durante una semana. Con el tiempo, explica el responsable, "se crean dinámicas de colaboración y aparece un grupo de empresas tractoras que impulsa al resto". Gracias a las cenas organizadas por el clúster, los responsables de las diferentes empresas intercambian experiencias e información sobre aspectos como la retribución de los trabajadores. Además, afirma Beistegui, "se ha creado un departamento de compras y se han desarrollado proyectos para utilizar nuevos materiales o cuidar los temas medioambientales". Una de las principales ventajas para su firma ha sido la participación en grandes ferias y 'showrooms' internacionales con un coste muy inferior al que hubiera tenido de acudir por cuenta propia. Así, ha entrado en la agenda de un red de arquitectos que le ha permitido multiplicar su facturación en el extranjero.